A veces esperando las oportunidades,
no se ven y se tira todo a la marchanta
y vos tan orgullosa que nunca me avisaste
que también fuiste mía aquel verano.
Mirando las golondrinas en el cielo,
no se ven otras golondrinas al alcance de la mano
es cuando la estupidez gana por afano
a la suerte que nunca llega si la estamos esperando.
¿Cómo? ,¿cuándo? y ¿Por qué?
son demasiadas preguntas para hacerle al destino
a veces estamos finos y otras veces nada que ver
pues hay que caminar antes de empezar a correr.
La culpa es un invento muy poco generoso,
y el tiempo tremendo invento sabandija,
será que será suficiente con que uno elija,
porque si no la buena fortuna pasa de largo.
Y vos tan orgullosa que nunca me avisaste
que tal vez, fuiste mía un verano...
¿Cómo comer sin ti, sin la piadosa costumbre de tus alasque refrescan el aire y renuevan la luz? Sin ti, ni el pan ni el vino, ni la vida, ni el hambre, ni el jugoso color de la mañana tienen ningún sentido ni para nada sirven. Allá fuera está el mar, allá fuera, en el mundo, estás tú. Comiendo tú sin mí: tu hambre, tu pan, tu vino y tu mañana. Yo aquí, ante los manteles opacos y la bebida amarga, ante platos sin sabor ni colores. Lo intento, sí, lo intento, pero cómo comer sin ti, ni para qué... Tú te has llevado tu olor a bosque y el gusto de la vida. Fuera están mar y aire. Dentro, yo solo frente a la mesa puesta que ha perdido su voz y su alegría.
Ella está aquí, presente en la distancia que separa su nombre de mi oído y está aquí en el espacio estremecido que hay entre mi recuerdo y su fragancia.
Ella se fue, y aún yerra por mi estancia su nombre en su perfume diluido, que por marcarle un límite al olvido se hizo nombre y perfume la distancia.
Ella está aquí, presente en el abismo de su ausencia en aroma. En el amargo acento de su nombre en mi mutismo.
Que de tan corto amor, dolor tan largo, sólo es nombre y perfume... Y sin embargo yo pude acompañarla hasta mí mismo.