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martes, 1 de septiembre de 2009

Silvio Rodriguez - Mujeres



Me estremeció la mujer
que empinaba a sus hijos
hacia la estrella de aquella
otra madre mayor
y como los recogía
del polvo teñido
para enterrarlos debajo
de su corazón.

Me estremeció la mujer
del poeta, el caudillo
siempre a la sombra y llenando
un espacio vital.
Me estremeció la mujer
que incendiaba los trillos
de la melena invencible de aquel alemán.

Me estremeció la muchacha
hija de aquel feroz continente
que se marchó de su casa
para otra, de toda la gente.
Me han estremecido
un montón de mujeres
mujeres de fuego,
mujeres de nieve.

Pero lo que me ha estremecido
hasta perder casi el sentido
lo que a mi más me ha estremecido
son tus ojitos, mi hija,
son tus ojitos divinos.

Me estremeció la mujer
que parió once hijos
en el tiempo de la harina
y un kilo de pan
y los miró endurecerse
mascando carijos.
Me estremeció porque era
mi abuela, además.

Me estremecieron mujeres
que la historia anotó entre laureles
y otras desconocidas, gigantes
que no hay libro que las aguante.

Me han estremecido
un montón de mujeres
mujeres de fuego,
mujeres de nieve.

Pero lo que me ha estremecido
hasta perder casi el sentido
lo que a mi más me ha estremecido
son tus ojitos, mi hija,
son tus ojitos divinos.

sábado, 15 de noviembre de 2008

Silvio Rodriguez - Monólogo



Favor, no se molesten,
que pronto me estoy yendo;
no vine a perturbarles
y menos a ofenderlos.
Vi luz en las ventanas
y oí voces cantando
y, sin querer, ya estaba tocando.

Yo también me alegraba
entre amigos y cuerdas,
con licores y damas,
mas ¿de eso quien se acuerda?
Una vez fui famoso,
siempre andaba viajando:
aquí traigo una foto,
actuando.

Me recordaron tiempos
de sueños e ilusiones.
Perdonen a este viejo,
perdonen.

Ya casi me olvidaba
pero, para mañana,
van a dar buen pescado,
hoy nos llegaron papas
y verduras en latas
al puesto del mercado.

En cuanto llegue y coma
me voy para la zona,
por lo de la basura.
Como la noche avanza
los dejo con la danza,
el canto y la cultura.

Disculpen la molestia,
ya me llevo mi boca.
A mi edad la cabeza
a veces se trastoca.
En la alegría de ustedes
distinguí mis promesas
y todo me parece
que empieza.

Favor, no se molesten,
que casi me estoy yendo;
no quise perturbarlos
y menos ofenderlos.

Vi luz en las ventanas
y juventud cantando
y, sin querer, ya estaba soñando.
Vivo en la vieja casa
de la bombilla verde.
Si por allí pasaran,
recuerden.

jueves, 28 de agosto de 2008

Del sueño a la poesía

Un mundo de contrahechos
se esparce en la cartulina,
bordado con punta fina
como los pelos del pecho.
País en que los deshechos
son amados todavía
es la comarca sombría
donde la luz se perdona,
porque allí van las personas
del sueño a la poesía.

En un sofá diminuto
posa minúscula gente.
Unos sonríen al lente,
otros cuentan los minutos.
Bichejos de rostro enjuto
se asoman a celosías
y carroñeras arpías
prestan garras al retablo,
mientras hace redonda el diablo
del sueño a la poesía.

Un pavorreal se pasea
por un desván en penumbras
y a su paso, que deslumbra,
la oscuridad se voltea.
¿Qué transformó pluma en tea
de apariciones umbrías?
¿Qué pasión, qué melodía
tocó el corazón humano
para conducir la mano
del sueño a la poesía?

Silvio Rodriguez