Soy como un jirón de una nube de otoño,
que vaga inútilmente por el cielo.
¡Sol mío, glorioso eternamente;
aún tu rayo no me ha evaporado,
aún no me has hecho uno con tu luz!
Y paso mis meses y mis años alejado de ti.
Si éste es tu deseo y tu diversión,
ten mi vanidad veleidosa,
píntala de colores, dórala de oro,
échala sobre el caprichoso viento,
tiéndela en cambiadas maravillas.
Y cuando te guste dejar tu juego,
con la noche, me derretiré,
me desvaneceré en la oscuridad;
o quizás,
en una sonrisa de la mañana blanca,
en una frescura de pureza transparente.
Rabindranath Tagore.
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martes, 9 de noviembre de 2010
miércoles, 15 de septiembre de 2010
Gitanjali - 42
En el alba, se murmuró que tú y yo habíamos de embarcarnos solos,
y que nadie en el mundo sabría nada de nuestro viaje sin fin y sin objeto.
Por un mar sin orillas, ante tu callada sonrisa arrobada,
mis canciones henchirían sus melodías, libres como las olas,
libres de la esclavitud de las palabras.
¿No es la hora todavía? ¿Aún hay algo que hacer?
Mira, el anochecer cae sobre la playa, y en la luz que se apaga,
los pájaros del mar vuelven a sus nidos.
¿Cuándo se soltarán las amarras, y la barca, como el último vislumbre del poniente, se desvanecerá en la noche?
Rabindranath Tagore.
martes, 6 de abril de 2010
Gitanjali 63

Tú me has traído amigos que no me conocían.
Tú me has hecho sitio en casas que me eran extrañas.
Tú me has acercado lo distante
y me has hermanado con lo desconocido.
Mi corazón se me inquieta si tengo que dejar mi albergue acostumbrado.
Olvido que lo antiguo está en lo nuevo,
que en lo nuevo vives también tú.
En el nacimiento y en la muerte,
en este mundo o en otro,
en cualquier sitio donde tú me lleves,
tú eres tú mismo, el único compañero de mi vida infinita,
tú que estás atando siempre mi corazón, con lazos de alegría, a lo ignorado.
Pero cuando se te conoce,
nadie es extranjero,
ninguna puerta está cerrada.
¡Señor, concédeme esto que te pido:
que yo no pierda nunca la felicidad
de encontrar lo único en este juego de lo diverso!
Rabindranath Tagore.
domingo, 4 de octubre de 2009
Gitanjali 74

Ha muerto el día, y la sombra anega la tierra.
Voy al río, que ya es la hora, a llenar mi jarra.
El aire oscuro está afanoso
con la música triste del agua,
que me está diciendo que vaya,
en el crepúsculo.
Nadie pasa por el callejón solitario.
Se levanta el viento,
y las olas tiemblan
y se encabritan en el río.
No sé si volveré.
No sé con quién me voy a encontrar.
En el vado, el hombre desconocido toca, en su barquilla, su laúd.
Rabindranath Tagore.
jueves, 13 de agosto de 2009
Tagore - Gitanjali 60

En las playas de todos los mundos, se reúnen los niños. El cielo infinito se en calma sobre sus cabezas; el agua, impaciente, se alborota. En las playas de todos los mundos, los niños se reúnen, gritando y bailando.
Hacen casitas de arena y juegan con las conchas vacías. Su barco es una hoja seca que botan, sonriendo, en la vasta profundidad. Los niños juegan en las playas de todos los mundos.
No saben nadar; no saben echar la red. Mientras el pescador de perlas se sumerge por ellas, y el mercader navega en sus navíos, los niños recogen piedritas y vuelven a tirarlas. Ni buscan tesoros ocultos, ni saben echar la red.
El mar se alza, en una carcajada, y brilla pálida la playa sonriente. Olas asesinas cantan a los niños baladas sin sentido, igual que una madre que meciera a su hijo en la cuna. El mar juega con los niños, y, pálida, luce la sonrisa de la playa.
En las playas de todos los mundos, se reúnen los niños. Rueda la tempestad por el cielo sin caminos, los barcos naufragan en el mar sin rutas, anda suelta la muerte, y los niños juegan. En las playas de todos los mundos, se reúnen, en una gran fiesta, todos los niños.
viernes, 20 de marzo de 2009
Cancion II
Cuando la tierra se adormece llego a tu puerta.
En lo alto callan las estrellas y tengo miedo de cantar.
Velando espero hasta que tu sombra pasa por el balcón
de la noche. Entonces regreso silencioso y lleno de ti.
Luego, en la canto a la orilla del camino.
El aire matinal escucha temblando y las flores vuelven hacia mí
su rostro de pétalos.
Los viajeros se detienen de pronto para mirarme frente a frente:
es como si mi canto a cada uno le llamara por su nombre.
Rabindranath Tagore
En lo alto callan las estrellas y tengo miedo de cantar.
Velando espero hasta que tu sombra pasa por el balcón
de la noche. Entonces regreso silencioso y lleno de ti.
Luego, en la canto a la orilla del camino.
El aire matinal escucha temblando y las flores vuelven hacia mí
su rostro de pétalos.
Los viajeros se detienen de pronto para mirarme frente a frente:
es como si mi canto a cada uno le llamara por su nombre.
Rabindranath Tagore
domingo, 22 de febrero de 2009
Me dijo
Me dijo bajito: "Amor mío, mírame en los ojos.
"Le reñí, agria, y le dije: "Vete." Pero no se fue.
Se vino a mí y me cogía las manos... Yo le dije: "Déjame."
Pero no se fue.
Puso su mejilla en mi oído. Me aparté un poco,
me quedé mirándolo, y le dije: "¿No te da vergüenza?"
Y no se movió. Sus labios rozaron mi mejilla. Me estremecí,
y le dije: "¿Cómo te atreves, di?" Pero no le dio vergüenza.
Me prendió una flor en el pelo. Yo le dije: "¡Es en vano!"
Pero no cedía. Me quitó la guirnalda de mi cuello, y se fue.
Y lloro y lloro, y le pregunto a mi corazón:
"Por qué, por qué no vuelve?"
Rabindranath Tagore
"Le reñí, agria, y le dije: "Vete." Pero no se fue.
Se vino a mí y me cogía las manos... Yo le dije: "Déjame."
Pero no se fue.
Puso su mejilla en mi oído. Me aparté un poco,
me quedé mirándolo, y le dije: "¿No te da vergüenza?"
Y no se movió. Sus labios rozaron mi mejilla. Me estremecí,
y le dije: "¿Cómo te atreves, di?" Pero no le dio vergüenza.
Me prendió una flor en el pelo. Yo le dije: "¡Es en vano!"
Pero no cedía. Me quitó la guirnalda de mi cuello, y se fue.
Y lloro y lloro, y le pregunto a mi corazón:
"Por qué, por qué no vuelve?"
Rabindranath Tagore
martes, 3 de febrero de 2009
Poema 30 de "El jardinero"
miércoles, 7 de enero de 2009
El último trato
Una mañana iba yo por la pedregosa carretera,
cuando espada en mano, llegó el Rey en su carroza.
"¡Me vendo!", grité. el Rey me cogió de la mano y me dijo:
"Soy poderoso, puedo comprarte." Pero de nada le valió su poderío
y se volvió sin mí en su carroza.
Las casas estaban cerradas en el sol del mediodía
y yo vagaba por el callejón retorcido
cuando un viejo cargado con un saco de oro me salió al encuentro.
Dudó un momento, y me dijo: "Soy rico, puedo comprarte."
Una a una ponderó sus monedas. Pero yo le volví la espalda y me fui.
Anochecía y el seto del jardín estaba todo en flor.
Una muchacha gentil apareció delante de mí, y me dijo:
"Te compro con mi sonrisa." Pero su sonrisa palideció
y se borró en sus lágrimas. Y se volvió sola otra vez a la sombra.
El sol relucía en la arena y las olas del mar rompían caprichosamente.
Un niño estaba sentado en la playa jugando con las conchas.
Levantó la cabeza y, como si me conociera, me dijo:
"Puedo comprarte con nada." Desde que hice este trato jugando, soy libre.
Rabindranath Tagore
cuando espada en mano, llegó el Rey en su carroza.
"¡Me vendo!", grité. el Rey me cogió de la mano y me dijo:
"Soy poderoso, puedo comprarte." Pero de nada le valió su poderío
y se volvió sin mí en su carroza.
Las casas estaban cerradas en el sol del mediodía
y yo vagaba por el callejón retorcido
cuando un viejo cargado con un saco de oro me salió al encuentro.
Dudó un momento, y me dijo: "Soy rico, puedo comprarte."
Una a una ponderó sus monedas. Pero yo le volví la espalda y me fui.
Anochecía y el seto del jardín estaba todo en flor.
Una muchacha gentil apareció delante de mí, y me dijo:
"Te compro con mi sonrisa." Pero su sonrisa palideció
y se borró en sus lágrimas. Y se volvió sola otra vez a la sombra.
El sol relucía en la arena y las olas del mar rompían caprichosamente.
Un niño estaba sentado en la playa jugando con las conchas.
Levantó la cabeza y, como si me conociera, me dijo:
"Puedo comprarte con nada." Desde que hice este trato jugando, soy libre.
Rabindranath Tagore
sábado, 27 de diciembre de 2008
Que solo quede
Que sólo quede de mí, Señor,
aquel poquito con que pueda llamarte mi todo.
Que sólo quede de mi voluntad
aquel poquito con que pueda sentirte en todas partes,
volver a ti en cada cosa,
ofrecerte mi amor en cada instante.
Que sólo quede de mí
aquel poquito con que nunca pueda esconderte.
Que sólo quede de mis cadenas
aquel poquito que me sujete a tu deseo,
aquel poquito con que llevo a cabo
tu propósito en mi vida; la cadena de tu amor.
Rabindranath Tagore.
aquel poquito con que pueda llamarte mi todo.
Que sólo quede de mi voluntad
aquel poquito con que pueda sentirte en todas partes,
volver a ti en cada cosa,
ofrecerte mi amor en cada instante.
Que sólo quede de mí
aquel poquito con que nunca pueda esconderte.
Que sólo quede de mis cadenas
aquel poquito que me sujete a tu deseo,
aquel poquito con que llevo a cabo
tu propósito en mi vida; la cadena de tu amor.
Rabindranath Tagore.
sábado, 6 de diciembre de 2008
Gitanjali - 7
Las rosas están todavía en capullo, y no saben aún
cómo descuidamos coger flores este verano.
La estrella de la mañana tiene todavía el mismo
silencio palpitante; la luz primera está enredada aún
en las enredaderas que cuelgan de mi ventana,
como en aquellos días pasados.
Olvidé un momento que todo había cambiado, y vine.
Rabindranath Tagore
cómo descuidamos coger flores este verano.
La estrella de la mañana tiene todavía el mismo
silencio palpitante; la luz primera está enredada aún
en las enredaderas que cuelgan de mi ventana,
como en aquellos días pasados.
Olvidé un momento que todo había cambiado, y vine.
Rabindranath Tagore
martes, 25 de noviembre de 2008
Gitanjali - 55
Aún está lánguido tu corazón,
aún se te cierran los ojos de sueño.
¿No sabes que la flor está reinando,
esplendorosa, entre espinas? ¡Despierta, despierta!
¡No dejes pasar el tiempo en vano!
Allá al fin del sendero guijarroso,
en una solitaria tierra virgen,
mi amigo está sentado solitario.
¡No lo engañes esperándote! ¡Despierta, despierta!
¿Qué si el cielo jadea y palpita en la brasa del mediodía?
¿Qué si la arena hirviente tiende su manto sediento?
¿No sientes alegría en la profundidad de tu corazón?
¿No se abrirá el arpa del camino,
a cada paso tuyo, en suave música de dolor?
aún se te cierran los ojos de sueño.
¿No sabes que la flor está reinando,
esplendorosa, entre espinas? ¡Despierta, despierta!
¡No dejes pasar el tiempo en vano!
Allá al fin del sendero guijarroso,
en una solitaria tierra virgen,
mi amigo está sentado solitario.
¡No lo engañes esperándote! ¡Despierta, despierta!
¿Qué si el cielo jadea y palpita en la brasa del mediodía?
¿Qué si la arena hirviente tiende su manto sediento?
¿No sientes alegría en la profundidad de tu corazón?
¿No se abrirá el arpa del camino,
a cada paso tuyo, en suave música de dolor?
jueves, 13 de noviembre de 2008
El fuego
Oh fuego, hermano mío, yo te canto un canto delirante.
Eres la imagen brilladora y púrpura de la libertad.
Alzas tus brazos hacia el cielo
y tus dedos ávidos pulsan las arpas del aire.
Y danzas tu danza ligera y terrible
al son de tu propia música.
Cuando finen mis días,
cuando mi alma rompa los límites, en ti arderán,
hasta ser pávida ceniza, mis ojos, mis manos y mis pies.
Mi cuerpo se hará uno con el tuyo,
mi corazón será arrebatado en tu frenético torbellino,
y la llama trémula que era mi vida
se fundirá con tu llama única.
Rabindranath Tagore
Eres la imagen brilladora y púrpura de la libertad.
Alzas tus brazos hacia el cielo
y tus dedos ávidos pulsan las arpas del aire.
Y danzas tu danza ligera y terrible
al son de tu propia música.
Cuando finen mis días,
cuando mi alma rompa los límites, en ti arderán,
hasta ser pávida ceniza, mis ojos, mis manos y mis pies.
Mi cuerpo se hará uno con el tuyo,
mi corazón será arrebatado en tu frenético torbellino,
y la llama trémula que era mi vida
se fundirá con tu llama única.
Rabindranath Tagore
domingo, 2 de noviembre de 2008
Gitanjali - 37
Creí que mi último viaje tocaba ya a su fin,
gastado todo mi poder;
que mi sendero estaba ya cerrado,
que había ya consumido todas mis provisiones,
que era el momento de guarecerme en la silenciosa oscuridad.
Pero he visto que tu voluntad no se acaba nunca en mí.
Y cuando las palabras viejas se caen secas de mi lengua,
nuevas melodías estallan en mi corazón;
y donde las veredas antiguas se borran,
aparece otra tierra maravillosa.
Rabindranath Tagore
gastado todo mi poder;
que mi sendero estaba ya cerrado,
que había ya consumido todas mis provisiones,
que era el momento de guarecerme en la silenciosa oscuridad.
Pero he visto que tu voluntad no se acaba nunca en mí.
Y cuando las palabras viejas se caen secas de mi lengua,
nuevas melodías estallan en mi corazón;
y donde las veredas antiguas se borran,
aparece otra tierra maravillosa.
Rabindranath Tagore
martes, 28 de octubre de 2008
Gitanjali - 30
Salí solo a mi cita. ¿Quién es ese que me sigue en la oscuridad silenciosa?
Me echo a un lado para que pase, pero no pasa.
Su marcha jactanciosa levanta el polvo, su voz recia duplica mi palabra.
¡Señor, es mi pobre yo miserable! Nada le importa a él de nada; pero ¡qué vergüenza la mía de venir con él a tu puerta!
Rabindranath Tagore
Me echo a un lado para que pase, pero no pasa.
Su marcha jactanciosa levanta el polvo, su voz recia duplica mi palabra.
¡Señor, es mi pobre yo miserable! Nada le importa a él de nada; pero ¡qué vergüenza la mía de venir con él a tu puerta!
Rabindranath Tagore
jueves, 16 de octubre de 2008
El poeta
El alma del poeta danza y delira sobre la ola de la vida,
entre el clamor de vientos y mareas.
Y cuando el sol esconde su frente
y el cielo entristecido cae sobre el mar
como los párpados sobre los ojos fatigados,
el poeta, dejando su pluma
y con la cabeza en la mano,
deja huir su pensamiento hacia el abismo del silencio,
hacia la niebla del eterno secreto.
Rabindranath Tagore
entre el clamor de vientos y mareas.
Y cuando el sol esconde su frente
y el cielo entristecido cae sobre el mar
como los párpados sobre los ojos fatigados,
el poeta, dejando su pluma
y con la cabeza en la mano,
deja huir su pensamiento hacia el abismo del silencio,
hacia la niebla del eterno secreto.
Rabindranath Tagore
jueves, 2 de octubre de 2008
Gitanjali - 39
Cuando esté duro mi corazón y reseco,
baja a mí como un chubasco de misericordia.
Cuando la gracia de la vida se me haya perdido,
ven a mí con un estallido de canciones.
Cuando el tumulto del trabajo levante su ruido en todo,
cerrándome el más allá, ven a mí,
Señor del silencio, con tu paz y tu sosiego.
Cuando mi pordiosero corazón
esté acurrucado cobardemente en un rincón,
rompe tú mi puerta, Rey mío,
y entra en mí con la ceremonia de un rey.
Cuando el deseo ciegue mi entendimiento,
con polvo y engaño,
¡Vigilante santo, ven con tu trueno y tu resplandor!
Rabindranath Tagore
baja a mí como un chubasco de misericordia.
Cuando la gracia de la vida se me haya perdido,
ven a mí con un estallido de canciones.
Cuando el tumulto del trabajo levante su ruido en todo,
cerrándome el más allá, ven a mí,
Señor del silencio, con tu paz y tu sosiego.
Cuando mi pordiosero corazón
esté acurrucado cobardemente en un rincón,
rompe tú mi puerta, Rey mío,
y entra en mí con la ceremonia de un rey.
Cuando el deseo ciegue mi entendimiento,
con polvo y engaño,
¡Vigilante santo, ven con tu trueno y tu resplandor!
Rabindranath Tagore
martes, 23 de septiembre de 2008
Gitanjali - 64
Por la ladera del río desolado, entre las yerbas altas, le pregunté: "Muchacha, ¿a dónde vas con tu lámpara bajo el manto? Mi casa está oscura y sola. ¡Préstame tu luz!". Levantó sus ojos un instante, me miró al rostro en la penumbra, y dijo: "¡He venido al río a echar mi lámpara en la corriente, ahora que muere en ocaso la luz del día!". Y entre las altas yerbas me quedé mirando, solitario, cómo la lucecita de la lámpara se iba inútilmente en la marea.
En el silencio de la noche que se echaba encima, le pregunté: "Tus luces están todas encendidas, muchacha. ¿A dónde vas con tu lámpara? Mi casa está oscura y sola. ¡Préstame tu luz!". Levantó sus ojos oscuros a mi cara, y se estuvo dudosa un momento: "He venido -dijo al fin- a ofrecer mi lámpara al cielo". Yo me quedé mirando la lucecita, que temblaba inútilmente en el vacío.
En la negrura sin luna de la medianoche, le pregunté: "Muchacha, ¿qué buscas, si tienes la lámpara junto a tu corazón? Mi casa está oscura y sola. ¡Préstame tu luz!". Se paró un momento, pensándolo, y me miró fijamente en la oscuridad. "He traído mi luz -dijo- para el Carnaval de las lámparas." Yo me quedé mirando cómo su lucecita se perdía inútilmente entre las luces.
Rabindranath Tagore
En el silencio de la noche que se echaba encima, le pregunté: "Tus luces están todas encendidas, muchacha. ¿A dónde vas con tu lámpara? Mi casa está oscura y sola. ¡Préstame tu luz!". Levantó sus ojos oscuros a mi cara, y se estuvo dudosa un momento: "He venido -dijo al fin- a ofrecer mi lámpara al cielo". Yo me quedé mirando la lucecita, que temblaba inútilmente en el vacío.
En la negrura sin luna de la medianoche, le pregunté: "Muchacha, ¿qué buscas, si tienes la lámpara junto a tu corazón? Mi casa está oscura y sola. ¡Préstame tu luz!". Se paró un momento, pensándolo, y me miró fijamente en la oscuridad. "He traído mi luz -dijo- para el Carnaval de las lámparas." Yo me quedé mirando cómo su lucecita se perdía inútilmente entre las luces.
Rabindranath Tagore
sábado, 20 de septiembre de 2008
Gitanjali - 72
Es él, mi más íntimo él,
quien despierta mi vida
con sus profundas llamadas secretas.
El, quien pone este encanto en mis ojos;
quien pulsa, alegremente, las cuerdas de mi corazón
en su múltiple armonía de placer y de pesar.
El, quien teje la tela de esta maya
con matices tornasoles de oro y plata, azul y verde;
quien asoma por sus pliegues los pies,
cuyo contacto me enajena.
Los días pasan, mueren los años,
y él sigue moviendo mi corazón con mil nombres,
con mil disfraces, en innumerables transportes
de placer y de pesar.
Rabindranath Tagore
quien despierta mi vida
con sus profundas llamadas secretas.
El, quien pone este encanto en mis ojos;
quien pulsa, alegremente, las cuerdas de mi corazón
en su múltiple armonía de placer y de pesar.
El, quien teje la tela de esta maya
con matices tornasoles de oro y plata, azul y verde;
quien asoma por sus pliegues los pies,
cuyo contacto me enajena.
Los días pasan, mueren los años,
y él sigue moviendo mi corazón con mil nombres,
con mil disfraces, en innumerables transportes
de placer y de pesar.
Rabindranath Tagore
jueves, 4 de septiembre de 2008
En la noche fatigada
En la noche fatigada,
déjame entregarme sin lucha al sueño,
con mi confianza en ti.
¡No consientas que fuerce mi espíritu flojo
a una pobre preparación para adorarte!
¿Acaso no eres tú quien corre el velo de la noche
sobre los ojos rendidos del día,
para renovar su sentido
con la refrescada alegría del despertar?
Rabindranath Tagore
déjame entregarme sin lucha al sueño,
con mi confianza en ti.
¡No consientas que fuerce mi espíritu flojo
a una pobre preparación para adorarte!
¿Acaso no eres tú quien corre el velo de la noche
sobre los ojos rendidos del día,
para renovar su sentido
con la refrescada alegría del despertar?
Rabindranath Tagore
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