sábado, 12 de diciembre de 2009

El anónimo



Desde la cornisa de la montaña
dejo caer suavemente una piedra hacia el precipicio,
una acción ociosa
de cualquiera que se detiene a descansar en este lugar.

Mientras la piedra cae libre y limpia en el aire
siento confusamente que la piedra no cae
sino que baja convocada por la tierra, llamada
por un poder invisible e inevitable.

Mi boca quiere nombrar ese poder, hace aspavientos, balbucea
y no pronuncia nada.
La revelación, el principio,
fue como un pez huidizo que afloró y volvió a sus abismos
y todavía es innombrable.

Yo me contento con haberlo entrevisto.
No tuve el lenguaje y esa falta no me desconsuela.
Algún día otro hombre, subido en esta montaña
o en otra,
dirá más, y con precisión.
Ese hombre, sin saberlo, estará cumpliendo conmigo.

José Watanabe.

2 comentarios:

Ricardo Baticón dijo...

Hola Sid. Me ha encantado este poema de José Watanabe, lleno de fuerza y sentimiento. Y la fotografía... también impone. Que pases unos buenos días navideños... que ya están ahí, amenazándonos!

Saludos.

Aioria90 dijo...

Me encanta esta revelación!