La poesía cruza la tierra sola, apoya su voz en el dolor del mundo y nada pide ni siquiera palabras. Llega de lejos y sin hora, nunca avisa; tiene la llave de la puerta. Al entrar siempre se detiene a mirarnos. Después abre su mano y nos entrega una flor o un guijarro, algo secreto, pero tan intenso que el corazón palpita demasiado veloz. Y despertamos.
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Dunas gemelas
al sur de las clavículas
dos espirales
http://desvandehaikus.blogspot.com/
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